19.12.07

gratitud y solidaridad

No se si serán estas fechas, el espíritu de la Navidad o simple casualidad, pero el caso es que anoche me acosté lleno de gratitud y dando gracias por todo lo que tengo. Me acosté siendo consciente de la seguridad, paz y el confort que disfrutamos la burguesía españolita media. De pronto, comencé a imaginar a otros seres humanos que - al mismo tiempo que yo y en otras zonas del mundo menos afortunadas- estuvieran también intentando conciliar el sueño. Mientras yo lo hacía bajo un edredón de pluma de pato, cama grande, confortable y calentito. Otros, quizás estaban a la intemperie, sin techo, con frío, hambre o miedo. ¡No puede uno menos que sentirse dichoso por lo que tiene¡ ¿No deberíamos tener la obligación de dar las gracias por cada noche de tranquilidad y paz que disfrutamos? ¿Por la oportunidad que nos brinda un nuevo día? ¿No deberíamos intentar ayudar al prójimo?
Se que todo esto suena a tópico navideño pero no por eso deja de ser menos verdad. Muchas veces, nos comportamos como adultos-niños mimados, nos quejamos de vicio por tonterías, obviando lo verdaderamente importante y fundamental: la fortuna de haber nacido en un país, sociedad y entorno familiar como el nuestro. Muchas veces dejamos de ser felices por compararnos con otros más ricos que nosotros, con mejores casas, mejores coches, mejores trabajos... ¿Pero qué es todo esto? Siempre vas a poder compararte con alguien mejor que tú, con más dinero o más poder, con más salud, más inteligente, más querido, más famoso, más esto o más lo otro. No hay ningún final feliz del trayecto si decides subir a ese tren. Deja de compararte con los demás. Qué gran verdad lo que nos dice Buda repetidamente en el “Dhammapada”: ¡es el desear lo que os hace infelices!
¿Y que nos pasa? Pues que al estar inmersos en nuestro día a día de comodidad y rutina, no nos damos cuenta fácilmente de la situación. La paz, la libertad, la justicia, la prosperidad y la riqueza se dan por hechas. Nos parece como algo que nos fuera dado por derecho. Algo que nos merecemos al igual que el Sol que sale por las mañanas. Raro es el que además de pensarlo lo dice, a ese, rápidamente lo tachamos de “místico que no vive en la realidad”. “Mira este, que gracioso, otro iluminao más que cree en utopías”. No se trata de eso. No solemos reparar en nuestro gran privilegio. Al contrario, con demasiada frecuencia nos dedicamos a sentirnos desdichados, a criticar y envidiar lo que tiene el prójimo.
Plantea Ortega y Gasset en su libro “La rebelión de las masas”: la sociedad que tiene al dinero como valor primordial es por que ha perdido sus valores morales y ha perdido el norte de lo que verdaderamente es importante para el ser humano. No nos dice que el dinero no sea algo necesario, que sin duda lo es, ¡pero de ahí a qué sea el máximo VALOR!. Todos estamos en el mismo juego de sociedad de adultos-niños mimados en la que parece que lo único importante es comprar y tener. Nos lo recuerda Punset en su libro sobre la felicidad: “la sociedad no quiere personas felices, eso le da igual, lo que quiere son consumidores”.
Hemos sentido el vacío moral, y la inercia nos ha lanzado por el camino más fácil para catalogar a las personas: “tanto tienes tanto vales”. El vacío ha llegado a ser insoportable, la falta de espiritualidad en los occidentales acomodados es alarmante, no se siente que haya nada por lo que luchar. Parece como si al fin, muchos se hubieran dado cuenta de que tener una casa más grande no da necesariamente la felicidad. Es uno de los motivos del boom de religiosidad que estamos experimentando en Occidente. Empezando en USA, donde el valor de portales Webs sobre religión se ha disparado estrepitosamente (el magnate de la comunicación Murdock lo ha detectado rápido y ha comenzado a invertir en ellos).
Llegados a este punto del sermón... :-)
Lanzo la pregunta: ¿Sabremos en Occidente orientar correctamente este impulso natural hacia lo espiritual sin dejarnos atrapar por “sectas” o caer en los habituales “borregu-ismos”?
Gracias y sonríe,
dk

17.12.07

coaching

Dicen las modernas teorías de gestión que un buen manager tiene que ser ante todo un buen “coach” (entrenador). Interesado por el tema, hace poco cayó en mis manos “Coaching, un camino hacia nuestros éxitos” de Viviane Launer, presidenta y fundadora de la ICF (Internacional Coach Federation) en España. Viviane lo define en su libro como: “El arte de facilitar el desarrollo potencial de las personas y de los equipos para alcanzar objetivos coherentes y cambios en profundidad”.
Explica como “el coaching pretende ser un proceso que ayuda a las personas a realizar un cambio personal o profesional, generando una gran cantidad de alternativas de actuación, desafiando las creencias limitadoras, los obstáculos y las interpretaciones anquilosadas que impiden el éxito”.
Está últimamente de moda en España (y Europa) aunque ya lleva tiempo plenamente instalado en USA y surge de la aplicación del concepto del “entrenador” o “coach” deportivo a otros ámbitos de la vida. En la actualidad, existen los coachers para desarrollo personal, coach de desarrollo o cambio profesional, coach de grupos, coach especializados en directivos, coach de empresarios, etc.
La filosofía del coaching tiene un componente inspirado en la medicina oriental: no se trata de curar sino de construir salud para que las personas o equipos se curen a si mismos.
Dentro de las técnicas que utiliza para poder ayudar al “paciente” la autora destaca dos: la Programación Neuro-Lingüística (PNL) y el Análisis transaccional. “Si quieres saber lo que cree una persona, fíjate en lo que hace, no en lo que asegura creer” Este es uno de los consejos de la PNL. La PNL explica, entre otras cosas, cómo cada persona percibe su realidad de manera distinta. La filtra, antes de almacenarla en su memoria, según su propia personalidad, creencias, individualidad, pasado, método preferido de percepción, etc.
Por otro lado, el otro gran método o técnica utilizado por los coachers profesionales es el análisis transaccional (AT). El AT nos da herramientas para analizar las posiciones que tomamos en la vida y maneras de comprender nuestros roles y juegos más habituales en las relaciones individuales. Define tres estados del yo: niño, padre y adulto. Analiza dichos estados respecto a sus posiciones correspondientes en la vida:
- padre posicionado en “lo aprendido”
- adulto posicionado en “lo reflexionado”
- niño posicionado en “lo sentido”
Plantea cómo al comunicarnos entre nosotros, adoptamos roles diferentes en función del estado en que nos encontremos. Así, se produce el “match” o no-match en la comunicación (emisor-receptor funcionan y el mensaje es entendido) dependiendo de si tenemos una comunicación adulto-adulto, niño-padre , niño-adulto, etc.
A diferencia del psicoanálisis, en teoría, el coaching no intenta hacer terapia ni cambiar las estructuras psicológicas de la persona. Mira al futuro y no al pasado. No se pregunta ¿qué paso? Sino que mira hacia delante y se pregunta ¿por qué no? y en especial ¿cómo?
En definitiva, trata de analizar y encuadrar a la persona a pesar de la complejidad inherente al ser humano. Diagnostica la situación según cada caso. Facilita la consciencia de la persona frente a su propia realidad y procede a ayudar en la consecución de las metas, ya sean personales o profesionales, estableciendo un plan de acción, asignando responsables, gestionando el progreso y midiendo con honestidad el éxito final.
Queridos lectores: ¿qué opináis vosotros de todo esto del coaching? ¿alguna experiencia al respecto?
Gracias y sonríe,
dk

14.12.07

La Metamorfosis

La “Metamorfosis” de KAFKA es un libro que debo reconocer me costó terminar de leer. El hecho de viajar en un tren TALGO de RENFE Málaga-Madrid con media hora de retraso (últimamente parece que de moda) ayudó. Es cierto que es un libro que impacta, pero de ahí a su trascendencia literaria en el siglo XX... No llego a verlo del todo claro... A continuación hago pequeño resumen y comentario sobre el mismo para aquellos que quieran ahorrarse la semejante hazaña de leerlo (o semejante pérdida de tiempo según se mire...).
El libro es un relato desagradable y angustioso, que parece fruto de la paranoia de un escritor solitario. Relata la historia de un vendedor (Gregor Samsa) que amanece un día transformado en escarabajo en el seno de una familia burguesa europea. Consigue transmitir al lector el infierno terrenal que vive esa persona y en especial la familia (sus padres y hermana). Describe los pensamientos, sensaciones y acciones que toman cada uno para afrontar el problema desde su inicio. Nos cuenta el ruin intento de la familia por “guardar las apariencias” y ocultar el suceso: el buen hijo que antes mantenía a la familia pagando las facturas con su esfuerzo, ahora es motivo de desprecio. “Lógicamente” no lo aceptan. Lo esconden. Se limitan a encerrarlo en su habitación. Ni si quiera llegan a entablar conversación con él. Rara vez se atreven a mirarlo. Se conforman con un supuesto moral intento de mantenerlo con vida, para más tarde, al convertirse este en un pesado estorbo, claudicar y dejarlo morir lentamente. Cuando al fin esto sucede, se produce un gran alivio que es celebrado por todos. Se han liberado de la gran carga. ¡Es estupendo que haya muerto! ¡Podemos volver a empezar a vivir! ¡Se acabó nuestro castigo!
Quizás Kafka, a través de esta irónica y dantesca desventura del vendedor que amanece un día como un ser diferente, quería enseñarnos algo sobre nuestra sociedad moderna y la esencia de la naturaleza humana. Nos presenta con crudeza como alguien que se convierte en un ser distinto a los demás, puede ser despiadadamente tratado y repudiado. Podría querer reflejar la esencia decadente en los comportamientos de muchas familias de nuestra sociedad. Familias que tras un “incidente” con uno de sus miembros se limitan a obviar el problema, a negarlo o a esconderlo (me estoy refiriendo aquí a hijos drogadictos o con sida, homosexuales, con anorexia, alcoholismo, delincuencia, etc...). Lo difícil es encontrar casos en los que los familiares intenten afrontarlo y solucionarlo juntos. Al inicio del relato, lo único que importaba es el hecho de que Gregor no iba a poder acudir a trabajar ese día. Daba igual “su enfermedad”. Para la familia la preocupación principal era su propio sustento y guardar las apariencias. La posible solución para el problema que representa nuestro amigo el vendedor-escarabajo es lo de menos . Si es un estorbo, lo mejor es que se muera. Si esto puede ocurrir en verdad en el seno de las familias que no podrá ocurrir fuera...
Gracias y sonríe,
dk

10.12.07

sobre la paciencia


La paciencia es considerada históricamente toda una gran virtud. Según el diccionario de la RAE, la paciencia es: “la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse”, “la facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho” o “la lentitud para hacer algo”. En Wikipedia encontramos: “La paciencia es la aptitud que lleva a algunos homínidos (Bonobos y Humanos) a poder soportar cualquier contratiempo y dificultad. De acuerdo con la tradición filosófica, "es la constancia valerosa que se opone al mal, y a pesar de lo que sufra el hombre no se deja dominar por él”.
Pues bien, visto lo visto, o mejor dicho, leído lo leído, me pregunto: ¿podemos permitirnos tener paciencia en este mundo de prisas en el que vivimos? Se nos exige todo para ya. Lo queremos todo para ya. Corremos de un lado para otro. Lo lento nos estorba. Las colas o atascos nos desesperan. Las vacaciones parecen siempre lejanas. El ascenso ansiado no nos lo comunican nunca. Los hijos parecen tomarse demasiado tiempo para crecer. No tenemos tiempo para escuchar... No tenemos tiempo para hacer ese deporte, actividad o hobby nuestro que tanto nos gusta. La subida de sueldo se sigue retrasando un año más. La enfermedad no parece curarse nunca. El cambio de trabajo o departamento se sigue postergando. El nuevo trabajo no acaba de llegar. El tren o metro va con retraso. En la reunión, otra vez hay que volver a esperar al jefe. Colas y más colas por cualquier tontería. El problema que nos inquieta todas las noches no acaba de resolverse. Los semáforos tardan siglos en ponerse en verde... Llegamos tarde de nuevo a esa cita importante...
Tener paciencia en nuestros días es algo todavía más valioso que lo que pudiera ser antaño. En esta sociedad de la prisa y los cambios vertiginosos se hace aún más necesario desarrollar con perseverancia nuestra capacidad de espera. Pero, al mismo tiempo, inmersos en la jungla competitiva del día a día. ¡Qué difícil gestionar con paciencia la rapidez que se nos exige! ¡Qué difícil querer luchar contra corriente! Aún sabiendo que el ser pacientes nos liberaría de mucho estrés innecesario. Sabiendo que nos ahorraría más de un dolor de cabeza o de espalda. Sabiendo que aumentaría nuestra sensación de felicidad y paz interior. ¡Qué difícil nos sigue resultando! Y para complicarlo todo un poco más: ¡qué difícil discernir en muchas ocasiones si debemos ser pacientes, o al contrario, actuar rápido y no dormirnos! ¿Sólo fiándonos de nuestro sentido común podremos llegar a hacer lo correcto? Nuestra naturaleza es en esencia “cortoplacista”. Muy a menudo, la satisfacción del deseo de manera inmediata nos nubla. Seguramente deberíamos esforzarnos en la mayoría de las situaciones por ejercitar esa noble virtud que es la paciencia. Como norma, elegir esperar con buena cara. ¡Qué gran regalo si supiéramos afrontar el día a día con la paciencia del santo Job!
Gracias y sonríe,
dk.
Algunas citas famosas sobre la paciencia:
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces. Proverbio persa.
Si he hecho descubrimientos invaluables ha sido más por tener paciencia que a cualquier otro talento. Isaac Newton.
La paciencia en un momento de enojo evitará cien días de dolor. Proverbio tibetano.
El hombre vulgar, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla. Lao Tse.
El que tiene paciencia, tendrá lo que quiera. Benjamin Franklin.
Escuchar con paciencia es, a veces, mayor caridad que dar. San Luis, rey de Francia.
La paciencia es el soporte del débil, la impaciencia es la ruina del fuerte. Colton.
La paciencia es la virtud más heroica, porque aparentemente es la virtud menos heroica. Giacomo Leopardi.
¡No corras, vete despacio, que a donde tienes que llegar es a ti mismo! Juan Ramón Jiménez.
No neguemos nada; no afirmemos nada; esperemos. Arthur Schopenhauer.
¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán y vendrán a tiempo. Amado Nervo.
Sé paciente con todo el mundo; pero sobre todo contigo mismo. San Francisco de Sales.

P.d. Y para terminar, cómo dice el chiste: “Dios mío dame paciencia... Pero dámela YA....!! “ :-) “